Festejo del 20° aniversario de Vogue México con la bailarina Elisa Carrillo

Publicado hace 54 mins por Body Ballet

En octubre de 2019, la Revista Vogue México celebró sus 20 años en el mundo de la moda, arte, cultura y costumbres. Nada mejor que festejarlo con la mujer que es todo un orgullo nacional, Elisa Carrillo. La bailarina mexicana, premiada con el premio Benois de la Danse, es una de las figuras de más prestigiado del mundo de la danza.

Por Atenea Morales de la Cruz para Vogue México (octubre, 2019).

“El dolor es parte de la vida de una bailarina. Te acostumbras a vivir con la molestia. Con los años aprendes a soportarlo. Es como al principio cuando te salen ampollas, tu cuerpo se va acostumbrando y se va creando una especie de protección en los pies”, me confiesa Elisa Carrillo.

Al momento de nuestra plática, han pasado unos meses desde que fue galardonada con el premio Benois de la Danse –el más prestigioso de la rama– en el Teatro Bolshói de Moscú y para el cual llevaba toda su vida preparándose; incluso, quizá sin saberlo. Se dice que quien llega al ballet no lo hace de forma voluntaria; la lleva su madre. En su caso, algo similar sucedió. Sin embargo, la motivación que la impulsó fue el destino propio.

“El ballet se volvió mi estilo de vida. Me fui becada –a Londres– y tenía que aprovechar esa oportunidad. Ahí, todos buscábamos sobresalir. Hubo momentos en que me sentí sola. Quizá me deprimí. No obstante, fue el amor y el deseo que tenía por bailar lo que me ayudó a sacar las fuerzas”, admite con la misma seguridad con la que su cuerpo se mueve.

© Fotografía: Sharif Hamza

“Claro que he tenido momentos de frustración en los que he sentido que lo que hago no funciona. Pero siempre pienso en que mañana va a ser mejor. Me ha llegado a pasar que un día tengo una maravillosa función y al otro, todo falla. Es como ir del cielo al infierno. Esa es una de las partes más difíciles de ser primera bailarina o de ejecutar un rol principal; la gente piensa que tiene que ser siempre perfecto y eso es mucha presión y responsabilidad”  Elisa Carrillo.

Originaria del Estado de México, desde 2010 había sido nombrada Embajadora de la Cultura de México. También, otros premios y reconocimientos atestiguaban su talento. Iniciada en la danza profesional desde los ocho años, su carrera ha sido una constante de disciplina, perseverancia y amor. Los sueños se alcanzan para quienes los persiguen y ella es un ejemplo de eso. Elisa ha sido acreedora de tres grandes premios de la danza clásica: el del Festival Internacional Dance Open de San Petersburgo en 2013, el Alma de la Danza –que rara vez se le concede a extranjeros– también en 2019, y el recibido aquella noche en Moscú por su interpretación del clásico Romeo y Julieta.

Cuando Elisa presentó su examen de admisión a la Escuela Nacional de Danza Clásica del INBA sus aptitudes anunciaban ya una próspera carrera. “La danza clásica tiene que ver mucho con el físico. Todo es acerca de la estética y las medidas. El cuerpo es muy importante. Si no se tienen ciertas medidas, no es un impedimento bailar o tomar clases pero para un ballet clásico de alto nivel, sí lo es”.

Tras obtener una beca para estudiar en la English National Ballet School de Londres, aquella joven de 14 años viajaba por primera vez a Europa, con un inglés básico y dejando en México a su familia y toda aquella idea conocida de lo que podía significar la danza. “Cuando llegué a Londres no sabía lo que me esperaba. Tuve que aprender a ser fuerte y a sobresalir sola en medio de tantos jóvenes que iban con las mismas ilusiones que yo”, recuerda. Esa ciudad sería testigo de cómo el ballet se convertiría en su vida entera. Años más tarde, Elisa era aceptada en el Ballet Estatal de Berlín, la compañía que la vería crecer.

Su papel en la puesta en escena Blanca Nieves la colocó en el ojo mundial. Ya como primera bailarina –una de las mayores aspiraciones de todo bailarín– su trabajo seguiría dando frutos a costa de un arduo trabajo. “Una bailarina pasa por etapas muy difíciles. Es una carrera que, como todas, requiere mucha disciplina y dedicación porque todos los días hay que practicar, repetir las cosas. El ballet no es únicamente salir al escenario. Para ello se requiere mucha concentración, repetición, dolor. En el ballet siempre hay errores y por eso mismo, siempre hay que ser mejores”. Y mientras su labor como bailarina ha trascendido en Berlín, Elisa ha mantenido una estrecha relación con su país natal. La Fundación Elisa Carrillo Cabrera nació con la idea de impulsar la danza y dar apoyo al talento en México a través de una serie de plataformas artísticas y académicas. Y esa idea de excelencia la rige todos los días. “No creo nunca haber dado una actuación perfecta. Pero sí, los bailarines tratamos de alcanzar la perfección”, me dice. Por ello, cuando en 2010, la cinta El cisne negro daba a la actriz Natalie Portman la estatuilla del premio de la Academia, Elisa, al igual que diversas figuras de la danza internacional, se negaban a aceptar aquella manera de retratar al ballet.

Para el momento en que Elisa decidió ser madre ya gozaba de un título y un prestigio. Se dice que una bailarina puede llegar hasta los 40 años en muy buena forma y ella prefiere retirarse antes que comprometer su alto nivel. Su hija, con el bailarín ruso Mikhail Kaniskin, representó una pieza faltante. “Siempre quise ser madre pero había momentos en los que yo misma sentía que no estaba lista, sabía que no era el momento. Mi hija llegó en un momento en que realmente lo deseaba. Ya estaba en un muy buen momento de mi carrera pero algo me faltaba. Sentía un vacío. Durante mi embarazo seguí entrenando. Creo que es lo más bello que me ha pasado”

El pensamiento de que la gente no disfrute lo que hace y se vaya decepcionada es su más grande temor y es algo por lo que trabaja todos los días. “¿Consideras que has alcanzado tu sueño?”, le pregunto para finalizar nuestra conversación. “Claro que sí. Sin embargo, ser primera bailarina y tener una fundación eran cosas que, honestamente, nunca soñé. Es algo más que un sueño cumplido pero siento que siempre habrá un sueño más grande”. En otras ocasiones, Elisa ha mencionado que estando en el escenario siente que vuela, que los pies son sus alas. Cuando nuestra plática culmina, me da la impresión que ya no necesita esas alas para volar.

En este reportaje: estilismo, Valentina Collado; peinado, Manuel Oliva; maquillaje, Ana G de V; asistentes de foto, Shen Zode, Daniel Olin y Mauro Rey; digitalización, Eder Same; asistentes de moda, María Villarreal y Alexia Desentis; locación, Mártires de La Conquista; diseño en set, Momoroom & Golden Stocking.

Studio Ballet Barcelona®
Carolina de Pedro
www.ballet.barcelona
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Bailarina, Elisa Carrillo © Sharif Hamza

Bailarina, Elisa Carrillo © Sharif Hamza