Erdem, ballet y moda en el Royal Ballet

Publicado hace 13 min por Body Ballet

Antes del estreno de ‘Corybantic Games’, el nuevo ballet de Christopher Wheeldon, Vogue se cita con el coreógrafo y asiste en exclusiva a un primer examen del vestuario.

Por Liam Freeman para Vogue España. 15 de marzo de 2018.

La jornada de trabajo de los bailarines del Royal Ballet de Londres puede exceder las 12 horas.

Después de la clase de las 10:30 a.m., tienen ensayos hasta las 5.30 p.m. –algunas veces rotando hasta entre cinco producciones diferentes– con una hora para comer y sesiones entremezcladas de fisioterapia. Y todo esto, antes incluso de que hayan comenzado las representaciones.

Guiados por la coreografía y las notas orquestales de la Serenata de Leonard Bernstein (basada en El banquete de Platón), los trajes se valen de multitud de sutiles contrastes que no solo impactan sobremanera –especialmente en las visiones grupales a modo de elegantes kouros–, sino que además se alejan ostensiblemente de los encajes y brocados que caracterizan al Erdem de pasarela.

Los corpiños de seda satinada en color champán de las bailarinas y los pantalones de cintura alta han sido confeccionados con costuras en ángulo que se enfatizan con la delgadez; y las faldas plisadas en delicado tul –que se precipitan hasta los tobillos– lucen esforzado ribetes de cinta de terciopelo alrededor del bajo.

Las mayas masculinas, por su parte, son de un gramaje tan fino que los cuerpos casi parecen desnudos de cintura para arriba, delimitados por medias blancas. El torso de cada bailarín lo atraviesan distintas tiras de terciopelo negro, un efecto gráfico que simula los pliegues naturales de las túnicas. “Me encanta la idea de analizar la época en la que se creó la pieza musical (los años 50) y combinarlo con algo muy griego”, comparte Erdem Moralıoğlu cuando nos encontramos en la Royal Opera, entre el fastuoso terciopelo rojo de la sala Bedford Retiring Room.

“Las líneas son muy gruesas; es casi como su hubiera dibujado sobre el cuerpo con un rotulador. De repente también me puse a revisar colecciones anteriores”, continúa. “La forma tipo bustier de la primavera/verano que tanto tiene que ver con los corsés de los años 50; o incluso de la última colección, la de otoño/invierno 2018-19, aquellas faldas plisadas a mano también se han colado en la obra”

Desde los elaborados tutús de Christian Lacroix para el Ballet de la Ópera de París hasta los atuendos informales de Dries van Noten para el Rain de Anne Teresa De Keersmaeker, la unión de moda y danza cuenta con un rico legado, ahora enriquecido con la colaboración de Wheeldon y Moralıoğlu para Corybantic Games.

Cuando llegó el momento de elegir quién diseñaría el vestuario de los 21 bailarines, Moralıoğlu fue para Wheeldon la respuesta más obvia. Ambos se conocieron hace unos seis años cuando Erdem invitó al coreógrafo a sus desfiles tras asistir a unos cuantos de sus ballets, incluidos El cuento de invierno (una adaptación de la comedia de Shakespeare) y la obra abstracta After the Rain. Además, no es la primera vez que Cuthbertson viste de Erdem, ya que llevó uno de sus vestidos a los Premios Laurence Olivier de 2015.

Es por tanto evidente que esta colaboración surge tanto de la amistad como de la admiración mutua; pero ¿por qué se le ha encargado este ballet en particular? “Creo que la idea era hacer una obra completamente nueva y que fuera moderna, algo que no existiera de antes”, dice Moralıoğlu.

El prêt-à-porter poco se asemeja al reto de diseñar trajes para el ballet.

Para empezar, la moda trata de dar la oportunidad de expresarnos a través de la ropa; mientras que el vestuario lo que busca es facilitar al bailarín la representación de un personaje. Además, se debe a unos requisitos prácticos.

“Estas cosas como que la prenda les permita subir la pierna por encima de la cabeza no las tenía en cuenta cuando estaba diseñando mi última colección”, explica Moralıoğlu. “Los trajes deben aguantar bien los lavados después de cada representación, cada prenda está hecha a medida del bailarín, así que los fittings tienen que ser muy rigurosos y en el último momento, porque trabajas conforme a unos tiempos”.

Durante el pase de escenario, se dieron cuenta de que los lazos de terciopelo unidos a los arneses se soltaban y entorpecían los movimientos de los bailarines; pero Moralıoğlu y el equipo de vestuario no tardaron mucho en encontrar una solución: pequeñas trabillas escondidas para sujetar los lazos en su sitios sin que apretaran demasiado.

Artículo completo en Vogue

Corybantic Game de Christopher Wheeldon © Luc Braquet

Corybantic Game de Christopher Wheeldon © Luc Braquet

© Luc Braquet. Erdem para el Royal Ballet de Londres.